CRÓNICA: No era el día

Después de 36 años Perú regresó a jugar en un mundial de fútbol

0

22 de junio de 1982, estadio Riazor en La Coruña, Polonia viene goleando a Perú por 5 a 0 y lo despide de manera catastrófica del mundial español. Minuto 83, y el nueve nacional Guillermo La Rosa con fuerte remate de pierna derecha anota el gol de honor, que a la postre se convertiría en el último tanto peruano en el máximo torneo de la élite del fútbol mundial.

El popular “tanque” consiguió el gol que tanto había soñado pero no lo celebró ni lo gritó. No era el mejor momento. Lo que antes fue su mayor sueño se ha convertido en un recuerdo poco agradable.

Comienza  la ilusión

Guillermo La Rosa, hasta el momento, el último peruano en anotar en un mundial.

16 de junio del 2018, en el Mordovia Arena de Saransk, Perú en su vuelta a los mundiales, enfrenta a Dinamarca en un estadio con el 90% de corazones blanquirrojos.

La pequeña Saransk se vio invadida por la ilusión de miles de peruanos que llegaron a ver el retorno de nuestro país a la fiesta grande del fútbol. El ambiente estaba espectacular, el “Contigo Perú” y el himno cantados a viva voz antes de empezar el partido transformaban el estadio ruso en una réplica del coloso de José Díaz.

Comenzó el partido y el equipo respondió en la cancha, velocidad para circular la pelota, amplitud para atacar, inmediatez para recuperar el balón, paciencia y toque criterioso que terminaba en jugadas de peligro en el área europea. Las incursiones de Carrillo y Farfán vislumbraban una jornada fantástica.

Cueva, ¡Por qué!

Minuto 45 del primer tiempo, y llegó la jugada que marcaría un quiebre en el partido. “Aladino” frota la lámpara y se inventa un penal, el árbitro gambiano no lo cobra pero la tecnología se encarga de hacerle ver su error. Se para Cueva, engaña a Schmeichel, pero le entra muy abajo al balón y la tira arriba, «Cuevita» mandó el balón por las nubes y el grito de gol quedó ahogado en las gargantas de los más de 33 millones de peruanos.

Lo que debió ser un gol psicológico a favor de Perú, terminó convirtiéndose en su desgracia. Lágrimas de Cueva, el consuelo de Paolo y otros jugadores fue lo último que se vio de Perú antes de entrar al vestuario.

El fallo de Cueva pareció quitarle confianza no solo a él. Fue un golpe que el equipo no pudo asimilar en lo que restaba de partido.

Empezó el complemento y Dinamarca se notaba más consistente. Sin embargo, una arremetida de Cueva por izquierda, desparrama dos rivales y deja solo a Carrillo, “la culebra” se trastabilla y la pifea, el balón le queda a Flores y el carismático “oreja” se llena de pelota y también pifea el esférico, blooper peruano y seguimos 0 a 0.

Llegó el gol, pero no el peruano

En el 59’, Carrillo pierde el balón cerca al área danesa, el equipo se encuentra mal parado, Eriksen le gana la espalda a Tapia, Poulsen mete la diagonal, se queda enganchado Trauco, regala el primer palo Gallese y esa suma de errores, deriva en la fatalidad del gol danés.

Tras el golpe, nuevamente Perú tiene otro ataque por izquierda, Cueva se la cede a Flores y este remata débil, Schmeichel se lanza y despeja sin problema. Luego por fin entró Guerrero, y el equipo volvió a ganar en confianza. Cueva por izquierda y Carrillo por derecha ganaron varias veces. Farfán una vez, Paolo dos, Rodríguez de cabeza y varios rebotes. No era el día, la pelota no iba a entrar. El equipo luchó hasta el final, pero esta vez no sucedieron cosas y el marcador no se movió.

Ansiedad, nervios, falta de jerarquía o mala suerte, llámenlo como quieran, Perú generó 9 ocasiones de gol y el balón no ingresó. Dinamarca con 4 ataques se llevó los 3 puntos.

Nada está resuelto

Tras la desazón y fastidio por perder un partido que parecía lo ganábamos. Toca olvidarse rápidamente y voltear la página, viene Francia y si queremos seguir con opciones de clasificación debemos sumar ante Les Blues.

Misión más que complicada, pero quien dijo que sería fácil. Si en la eliminatoria le hemos ganado a Uruguay y no hemos perdido con Argentina, equipos que no tienen nada que envidiarle a Francia, no veo porque salir con complejos ante los galos.

Este mundial nos viene reafirmando que el fútbol es el reino de lo improbable, donde el pobre puede ganarle al rico, donde David vence a Goliat. A dos días del partido, confiemos en los que nos regresaron a un mundial, confiemos en un planteamiento inteligente y en la entrega incondicional de todos los que ingresen al campo.

Si esperamos 36 años para retornar a la fiesta grande, podemos esperar 5 días más para que por fin don Guillermo La Rosa y los millones de peruanos gritemos con toda el alma el gol que nos otorgue el primer triunfo en Rusia 2018. Tal vez ahora sea el momento. ¡¡Somos peruanos, seámoslo siempre¡¡

 

Todavía no ganamos ni hacemos gol, pero tenemos una fanaticada fiel, como el hincha elegido por la FIFA.

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.