Good bye América
Fiel a su tendencia, el mundial de Rusia 2018 nos vuelve a dar otra sorpresa en una ronda eliminatoria. El pentacampeón acaba de ser derrotado. Con la partida de Brasil, indefectiblemente el 2022 en Qatar, se cumplirán 20 años desde la última vez que un país sudamericano levantó la Copa del Mundo.
En Sudáfrica 2010 cuando eran más que su rival de turno (Holanda) un autogol puso nerviosos a los verdeamarelos y terminaron con las manos vacías. Para el 2014 en semifinales y en su casa, los del país de la samba fueron inmensamente superados por Alemania, quien les infringió la goleada más estrepitosa de toda su historia (1-7).
Ahora en Rusia 2018, Brasil se había mostrado como un equipo de juego generoso y sólido en sus líneas. Todavía no había hecho el gran partido pero sacaba lustre a su “chapa” de firme candidato al título conforme avanzaba el torneo. En cuartos de final, Bélgica aparecía en su camino. Los belgas tienen una envidiable plantilla de jugadores, siempre amagan llegar a más, pero históricamente se les endilga la carencia de temperamento y jerarquía cuando tienen al frente a las potencias del mundo fútbol.
Quizás por eso, los garotos se llenaron de favoritismo e iniciaron el partido pensando más en la semifinal contra Francia, olvidando que para que eso suceda, debían pasar primero al combinado belga.
De acuerdo al trámite de juego en los primeros 10 minutos, el favoritismo brasileño se acrecentaba. Los sudamericanos empezaron mejor, generando desequilibrio individual por ambas bandas y hasta un palo evitó la caída del arco belga. Parecía ser solo cuestión de tiempo para que los garotos abran el marcador en Kazán, esa sensación debe haberse generado en el 11 de Tite, convencidos que el partido lo ganaban sin contratiempos.
Por eso que al recibir un golpe inesperado, no supieron levantarse. Minuto 13, córner a favor de Bélgica, torpeza brasileña y autogol de Fernandinho. En lugar de rechazar, se tropezó y anotó con el hombro en su propia valla.
Haciendo poco, Bélgica se encontraba con un gol a favor y se inyectaba de confianza. Todo lo contrario ocurría con su rival.
Brasil buscó el empate pero comenzó a dejar espacios, que Bélgica aprovechaba con rápidos y estructurados contragolpes. De esa forma no resultó extraño que llegará el segundo europeo, una transición rápida en base a técnica, rapidez y eficacia, permitió que De Bruyne de un zapatazo cruzado anotará el 2 a 0 cuando recién transcurrían 31’ min. Sorpresivo resultado pero justo de acuerdo a lo que pasaba en el verde.
El cuadro belga tenía en Hazard y Lukaku a dos intratables para el mediocampo y defensa verdeamarela. Brasil estaba en shock, el tercer gol podía llegar en cualquier momento y no sería sorpresa. Pero la primera etapa terminó y los pentacampeones tenían todo el segundo tiempo para buscar la hazaña.
En la segunda parte, Brasil con más corazón que futbol, sometió al cuadro belga, generó varias ocasiones de gol, desperdiciadas por la intranquilidad y ansiedad de sus jugadores. Pero tanto va el cántaro al agua que termina por romperse, a los 76’, Renato Augusto de cabeza anotó el descuento y la esperanza renació.
Pero los belgas con un Courtois inmenso, resistieron y sobrevivieron a los embates garotos. El partido llegó a su final y el estadio de Kazan se convertía en el nuevo cementerio de los elefantes. Primero cayó Alemania, luego Argentina y ahora Brasil.
Bélgica se impuso ante sus propios temores, su generación dorada demuestra que quiere inmortalizarse y lograr el primer título para sus vitrinas.
Ahora si los diablos rojos sacaron chapa de candidato. Lograron cambiar el curso de la historia, por fin eliminaron a un campeón mundial, en virtud a su juego y un gran trabajo mental, esencial para que Bélgica no se achique con Brasil como cuando hace cuatro años le tocó Argentina y fueron sometidos sin siquiera sudar.
Uruguay (hasta aquí) nomá
Más temprano en Nizhny Novgorod, el candidato del corazón sudamericano, Uruguay no pudo ante la entonada Francia que al ritmo de La Marsellesa se encumbró para instalarse entre los 4 mejores del mundial.
La lesión en el gemelo izquierdo de Cavani que lo alejaba del partido ante Les Blues comenzó a sentenciar la suerte de Uruguay en Rusia. Los charrúas entraban diezmados en su artillería ofensiva, pero con el compromiso y entrega intactos para dejar el alma y continuar tiñendo el cielo de celeste.
Uruguay ingresó al campo con una sobredosis de carácter y así se lo hicieron sentir a los galos, tal vez con la intención de intimidarlos con miras cara a un cotejo más largo. Pasado ese ímpetu uruguayo, Francia se adueñó de la pelota pero sin hacer mucho daño. Mbappe cada vez que tomaba el balón mostraba su desequilibrio individual, pero la marca charrúa era muy diferente a la argentina que otorgó muchas licencias en el duelo de octavos.
Con Uruguay bien parado en defensa, la única manera de tomarle la temperatura era a balón parado. Lo hizo Portugal, con Pepe, y ante la insistencia francesa, repitió Varane con un cabezazo tras tiro libre al llegar al minuto 40.
La reacción charrúa fue rápida y con pelota aérea, Martín Cáceres ganó por arriba y Lloris respondió con una atajada brillante.
Para la segunda parte, el maestro Tabárez comenzó a mover el banco, a los 59’ ingresaron Gómez y el “Cebolla” Rodríguez para conseguir el ansiado empate. Pero a los 61’, un ‘blooper’ de Muslera sentenció el partido. Griezmann remató de larga distancia sin mayor peligro. Muslera no pudo contener el disparo, puso mal el cuerpo y la pelota se le escurrió entre las manos. Fue el segundo de Francia y aunque faltaba media hora todavía, ahí se firmó el adiós inminente. El fútbol galo se impuso ante el sentimiento uruguayo.
Llegó el pitazo final y Uruguay se despidió de Rusia 2018 con la sensación, que si estaban completos, pudieron haber llegado más lejos.
El mundial se acabó para los sudamericanos y nos quedamos con una Eurocopa para lo que resta del torneo. Es la peor racha en la historia de los mundiales de Sudamérica, que antes de 2006 nunca había pasado más de dos torneos consecutivos sin ganar.
Los cuatro equipos que han pasado a semifinales son del Viejo Continente, pero, más allá de lo geográfico, tienen otras características que los identifican, como son el juego colectivo y el funcionamiento táctico que potencia a sus mejores futbolistas.
No cabe duda que las distancias entre América y Europa se han acortado. Antes el talento y técnica era superior en nuestro continente mientras que los europeos mostraban supremacía en la físico y táctico. Actualmente los del viejo continente nos equipararon en la técnica y físicamente nos llevan de encuentro, en base a velocidad y potencia. De esa forma no es difícil entender como Lukaku, Hazard o Mbappe agarran viada y no pueden ser controlados por argentinos, brasileños o uruguayos.
La corrupción, la exportación temprana de talento y una formación inadecuada castigan a la escuela sudamericana que si no hace algo urgente su caída libre será inminente.
Ahora que nos sacaron ventaja, hay que copiar lo bueno de los europeos, la organización, la administración y mantener nuestra esencia. Se debe formar futbolistas y desarrollar al ser humano. Como diría el ex mundialista brasileño, Mauro Silva: “Un futbolista mejor formado también será más inteligente y mejor en la toma de decisiones en el campo”.
Finalmente, la conclusión más grande que viene dejando Rusia 2018 es que con la camiseta ya no gana nadie. Lo físico se ha impuesto a lo técnico y lo colectivo a lo individual. Si no queremos ser solo campeones en el mundial de hinchas, debemos hacer un replanteo grande en el fútbol sudamericano, para poder cosechar los frutos más pronto que tarde y así regresar la gloria a nuestra Sudamérica querida.